Y un día, lo que era una promesa se hizo realidad, el domingo por fin, nos juntamos a comer el merecido asado que nos debíamos post San Bernardo. Faltaron algunos, pero por suerte fuimos muchos.
CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA (LA DEL CORDERO, OBVIO)La jornada comenzó con el tempranero encuentro entre el Melly y el Pelado que, recién pasadas las 9 de la matina, salieron en busca de la víctima. (No creo que valga la pena comentar sobre los 40 minutos que el calvo organizador tuvo que esperar en la puerta de la casa del ruliento organizador, meta mensaje y llamados tratando de despertarlo de su infinita cuenta de ovejitas).
Prosiguiendo con el relato, el par salió en busca de lo que sería el plato principal del banquete. Luego de un par de telefonazos con el donante, Gogo, la entrega se realizó en una acción que quedará grabada en la retina del dúo por siempre. El amigo de la sílaba repetida salió de su hogar con un look que a más de un niño le hubiera quitado el sueño por años. Camisa usada la noche anterior, calzoncillos del nono con un botón desprendido y medias tipo toalla, nada más. Todo eso acompañado de un cadáver en brazos y una caripela que hacía a Freddy Krugger un modelo de Dotto. Mamadera.
Sobrepuestos de la pesadilla, enfilaron la nave hacia la CAI, Casa Alpina Inconfundible, donde los esperaba el plumífero organizador, su mujer y la familia de la SEÑORA Piovani.
Luego de las salutaciones de rigor, procedimos al desembarco de la merca (Cordero, vacío, choris, morci, salchi parri, birra, vino, fernet, ron, coca, etc.) Lo del freezer al freezer, lo de la heladera a la heladera y lo de la parrilla? Sí, a la parrilla. En menos de 20 minutos el fuego estaba hecho y en 15 más el animalito de dió estaba boca abajo contra las brazas. Una dupla Melly-Pela, que para qué te cuento.
Obvio que Palma aportó y mucho. Quien alguna vez deleitó paladares por Italia, fue el encargado de organizar, lo que se podría llamar, los "adornos" del asado. El Poyo creó, sí creó, porque decir preparó queda corto y le resta mérito. Decía, el Poyo creó dos brebajes para pincelar las carnes que hicieron que las mismas tomaran un sabor gourmet de aquellos.
Como es sabido, el animalejo necesita de, al menos, 4 horas de fuego, ni muy lento ni muy fuerte, por lo que, cuando la turba vio que venía para largo, comenzó a perder la tranquilidad y a pasar más seguido por la parrilla, preguntando y opinando acerca de la cocción, masticando pan y bronca. Los más agudos, pusieron a las pequeñas Emma y Mora como escudo al tiempo que decían ¿No habrá un pedacito hecho para las nenas? Y acto seguido se secaban el hilo de baba que les caía.
Pero como dijimos antes, la dupla funcionó a la perfección y en breves minutos, la banda de seguidores de Hannibal Lecter se entretenía con suculentos chori y morcipanes. Algunos más afortunados, llegaron a probar la salchicha parrillera, exclusividad de los asadores.
Al ver que la caterva no amainaba en su necesidad de carne, no quedó otra que mandarlos a la conch..., no perdón, mandarlos a la mesa, so pretexto de que el vacío estaba al dente, como quien dice, a punto caramenlo. Las chicas desfilaron con las fuentes de ensalada, se descorcharon unos tintillos, otros siguieron con la birra y por aproximadamente 56 minutos con 17 segundos no se escuchó comentario alguno, amén de los pasame el pan, bebida o lo que fuere que necesitaban para seguir devorando. Qué festín, Teté!!!!
Como esto viene para largo, corto acá hasta próximas entregas, en las que nos dedicaremos a diversos temas, a saber: tarde de daikiris, ellas y ellos en malla, los chistes de Laza y Nico, qué se dijo de los que no fueron, para finalizar con un capìtulo extra llamado "Te comiste 8 y encima te cagamos a patadas".
Nada más y muchas gracias por su atención. Sus acotaciones son bienvenidas, así como sus sugerencias para futuras entregas.